El territorio español está plagado de regiones que han sido verdaderas canteras para nuestro cine. Si bien su actividad es posible que se concentre en las grandes ciudades, no es menos cierto que el talento de nuestros artistas es una Denominación de Origen propia de casi todos los rincones de nuestra geografía. Y es que la cultura vive en las venas de nuestra geografía. Este mes en Somos el rostro es Eduardo Noriega, cántabro y paisano de otros grandes como Antonio Resines, Marta Hazas, Ruth Díaz, o los directores de cine Nacho Vigalondo, Daniel Sanchez Arévalo, Manuel Gutiérrez Aragón o Mario Camus, entre otros nombres propios de nuestro cine.

Vamos a bucear en la figura de Eduardo Noriega para que conozcáis un poquito mejor a uno de los grandes actores de nuestro cine reciente, una apuesta segura para los directores que han confiado en él, y también una apuesta segura para el público.

  1. Apuntando maneras

Ser el único de siete hermanos que siente la llamada de su vocación artística ya debería ponernos sobre aviso, al igual que sus cinco años de solfeo, armonía coral y piano en el conservatorio de Santander. Pero fue su decisión de mudarse a Madrid para estudiar en la Escuela de Arte Dramático lo que realmente nos despejó todas las dudas. Y llegaron los cortos, y los mediometrajes, y por fin los largometrajes.

  1. Un potente inicio de carrera

Y es que no solo debutó en la gran pantalla con un largometraje generacional como fue Historias del Kronen, en 1995, sino que en 1996 interpretaba a Bosco en Tesis y al año siguiente su primer papel protagonista, el de César en Abre los ojos, le colocó a las puertas del Goya a Mejor actor. Podréis saborear esta interpretación el próximo martes 12 de febrero a las 21:30h.

  1. Cha-cha-chá

La comedia de enredos de Antonio del Real que protagonizó junto a Ána Álvarez, Jorge SanzMaría Adánez y Gabino Diego supuso el despegue definitivo de su carrera y le hizo conectar con esa parte del publico que solo presta atención al cine español cuando hablamos de comedias. Su rostro ya era conocido por todo un país, y corría 1998. En Somos esta joya de los 90 os la vamos a servir el próximo martes 19 de febrero a las 21:30h.

  1. Su salto al cine internacional

Con el estreno en el año 2000 de Plata quemada, del director argentino Marcelo Piñeyro, Eduardo Noriega accedió a su primera coproducción internacional. Argentina, Uruguay, Francia y España estaban detrás de esta cinta que se llevo el Goya a Mejor película extranjera. Ese mismo año estrenaba junto a Elena Anaya El invierno de las anjanas, una historia de amor que lleva el relato universal de Romeo y Julieta a la Guerra de Cuba de 1898, y que podréis ver en Somos este martes 5 de febrero a las 21:30h.

  1. Las estrellas de Hollywood a su lado

Pocos actores de nuestro país pueden presumir de haber trabajado en el mismo año junto a Dennis Quaid, William Hurt, Matthew Fox y Sigourney Weaver (En el punto de mira, Pete Travis); o Woody Harrelson, Ben Kingsley y Kate Mara (Transsiberian, Brad Anderson). Si es que hasta ha compartido pantalla con ¡¡Arnold Schwarzenegger!! El hito fue en 2013 en la película El último desafío.

  1. Los directores de su vida

El actor solo ha repetido con Alejandro Amenábar, con el que ha mantenido una relación profesional ejemplar desde que trabajaron por primera vez juntos en el mediometraje Luna (tanto Amenábar como Mateo Gil eran también compañeros de reparto), con el director argentino Marcelo Piñeyro (Plata Quemada y El Método), y con Mateo Gil, uno de los directores (y amigos) que más han influido en su carrera profesional. Con el director canario rodó Nadie Conoce a nadie, que podréis ver el martes 26 de febrero a las 21:30h, y Blackthorn, un acercamiento ficticio a la figura del famoso pistolero Burch Cassidy, y sí, hablamos del mismo personaje que encarnó Paul Newman en Dos hombres y un destino.

  1. Una carrera ecléctica

Uno de los puntos más apasionantes de la filmografía de Eduardo Noriega es su riqueza de registros y dramas. El actor cántabro ha sabido mantener en todo momento un equilibrio ejemplar entre el cine comercial y el más intimista, sin renunciar a las producciones internacionales. Comedia, thriller, drama, político y fantástico. Prácticamente no hay género con el que no se haya atrevido. Ha estado a las órdenes de grandes realizadores como Guillermo del Toro (El espinazo del diablo), Agustín Díaz Yanes (Alatriste) o Cesc Gay (Una pistola en cada mano). Una fuente de aprendizaje constante que ha forjado una carrera insólita dentro y fuera de nuestras fronteras.

  1. Los premios como asignatura pendiente

Aunque el mediometraje Luna, que rodó junto a Amenábar en 1994 le granjeó varias alegrías (Mejor actor en el Festival de Alcala de Henares y Mejor actor en el certamen AICA), lo cierto es que el Noriega no ha tenido mucha suerte en la carrera de los premios. Cuatro veces nominado a los Fotogramas de Plata y dos al Goya a Mejor actor (Abre los ojos y El lobo), el reconocimiento en forma de premio aún se le resiste, aunque por su personalidad nos atreveríamos a apostar que no es algo que precisamente le quite el sueño.

  1. Querido y admirado en su tierra

Y prueba de ello es la estrella que el actor tiene en el Paseo de la fama de Tetuán desde mayo de 2016. 11 son las personalidades públicas reconocidas con esta distinción, que premia la relación o el origen de famosos con una estrecha relación con Cantabria. Su estrella convive con la de Marta Hazas (la única colega de profesión que comparte paseo) y atletas como Ruth Beitia, futbolistas como Paco Gento o cantantes como David Bustamante.

  1. Comprometido

En 2017 el actor estrenaba Perfectos desconocidos a las órdenes de Álex de la Iglesia, pero también estrenaba solo 9 días después Llueven vacas, un largometraje coral en el que el actor, Maribel Verdú, María Barranco o Víctor Clavijo articulan una denuncia colectiva contra los micromachismos y los abusos en las relaciones de pareja.

En Somos el prime time de los martes de febrero tienen dueño y Denominación de Origen. Pero también tienen juventud y hambre de aprendizaje. Porque si una cosa ha demostrado Eduardo Noriega, es que desde sus inicios su vista estaba puesta en el horizonte.