La historia de Teresa y Pedro, un matrimonio que aparentemente convive sin conflictos pero que deberá enfrentarse a una auténtica crisis con la llegada de un inesperado legado familiar, encierra muchos de los elementos comunes que podemos encontrar en el cine del realizador oscense. Tomad nota porque quizá sean pistas muy necesarias para que disfrutéis plenamente no solo de La madriguera, sino también de la filmografía de Carlos Saura.

  1. El pasado:

Y su peso, su opresión, y la incapacidad de sus personajes de huir de él. El cine de Saura se caracteriza por recurrir al pasado de sus protagonistas para plantear conflictos en el presente de la narración. Nuestra vida, experiencias y decisiones pesan como una losa de la que es imposible librarse. Es un elemento que en La madriguera desencadena el conflicto entre la pareja protagonista.

  1. La contradicción

Porque es producto del primer punto. La contradicción es un recurso que se instala en el relato del director de manera muy habitual. Podemos percibirlo en la propia pareja, un matrimonio que se cree moderno pero sobre el que subyace un pasado demasiado tradicional; y en la propia casa en la que se desarrolla la acción, un personaje más de la trama que pierde su carácter vanguardista cuando los muebles tradicionales irrumpen en su interior.

  1. Rafael Azcona y Luis Cuadrado

El primero en labores de guión, y el segundo como director de fotografía. La relación de Carlos Saura con estos talentos de nuestro cine, mentes innovadoras en sus campos, ha sido decisiva a la hora de construir el lenuaje cinematográfico “sauriano”. Rafael Azcona, para muchos el mejor guionista que nos ha brindado nuestra industria (es el único que acapara 6 Premios Goya), colaboró mano a mano con Saura en sus guiones en hasta ocho películas seguidas (1964-1973), algunas grandes títulos de la filmografía del director (La caza, Ana y los lobos o La prima Angélica, entre otros), y su última colaboración fue en ¡Ay, Carmela! (1990). Luis Cuadrado, por  su parte, se hizo cargo de la fotografía principal hasta en siete ocasiones, todas ellas en las década de los 60 y 70. Su prematura muerte en 1980 privó a nuestro cine de otro de los mejores en su disciplina.

  1. Geraldine Chaplin

La hija de Charles Chaplin es la musa indicutible del cine de Carlos Saura, y en La madriguera vuelve a interpretar a la mujer dual que habita en el cine del director, cariñosa y necesitada de afecto pero igualmente letal y salvaje. Un trabajo excelente el de la actriz en esta película, por su ambigüedad, que merece ser disfrutado en sus matices y en su mirada.

  1. La combinación realidad/sueño

Porque quizá La madriguera sirvió como laboratorio de pruebas para Carlos Saura, y puede pasar como uno de sus títulos más exigentes con un espectador que debe asumir un rol activo para separar la realidad del mundo onírico en el que se instalan sus protagonistas. Un juego de lentes y sensaciones que alcanzaría su plenitud en otros títulos posteriores como Elisa, vida mía (1977).

Cinco claves maestras para asomarnos a una película en la que muchas de las cualidades del cine del realizador están en proceso de germinación.